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15 de enero de 2012

Vladimiro Marrón y el arte contemporáneo


Graffitti de Villaobispo
Cargado originalmente por Julikeishon
Por Juan Contreras
Periodista cultural, novelista y central izquierdo argentino

Se afirma que Platón (o quizás Sócrates) creía que no podemos conocer el mundo tal y como es (o que solo podemos saber que no sabemos nada), pues somos hombres en una caverna que apenas tenemos acceso a unas sombras en la pared. Y dicen ilustres plumas (Klemm, Volkoshinov, Garmaz) que esta filosofía del saber imposible, esta epistemología de la verdad oculta, llevó a los artistas clásicos a plasmar su angustia por el mundo incognoscible mediante la búsqueda de la perfección estética, de un realismo modelizado que hallaría (siglos más tarde) su exasperación en los cánones renacentistas y en la proporción áurea.
La modernidad, la ciencia, el progreso (pero también la guerra y el horror) configuraron otro arte, marcado por la rebeldía hacia lo establecido, la ruptura de códigos, la búsqueda de sentido a un mundo caótico en donde los cánones clásicos se antojaban caprichos vetustos. Es el arte del nihilismo y del existencialismo, un arte que indaga en la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.
Del mismo modo, muchas otras manifestaciones artísticas a lo largo y a lo ancho del planeta reflejan una filosofía, una manera de entender, de ser y de estar en el mundo: desde los íconos rusos a los arabescos; desde el minimalismo escandinavo a la caligrafía japonesa; desde la arquitectura de los totalitarismos a las figuras de papiroflexia. Cada forma de arte es la expresión de una cosmovisión.

17 de febrero de 2010

Por amor al arte

    No siempre la expectativa de una remuneración económica es el principal aliciente para la creación artística. La superproducción de Peter Jackson El Señor de los Anillos, evidentemente, no habría sido posible si New Line Cinema, entre otros, no hubiese esperado obtener grandes beneficios con los tres filmes. Pero ¿los tres volúmenes de El Señor de los Anillos fueron escritos por JRR Tolkien pensando en las ganancias por la venta de ejemplares? Es probable que los textos de su padre hayan dado una buena vida a Christopher Tolkien, pero no está claro que el autor de El Hobbit se sentara a garabatear leyendas pensando en ser un best-seller. Tal vez, simplemente, lo hizo por amor al arte.
    Quizás Michael Jackson (¡caray, otro Jackson!) no habría filmado el video de Thriller si él y/o sus productores no hubiesen estado convencidos de que ello les haría vender más discos. Pero ¿cuántos músicos están dispuestos a escribir canciones y cantarlas en un andén, en la calle o encerrados en una habitación, sólo para sus oídos (y el de sus vecinos)?
    Algunas creaciones artísticas no dependen directamente (y, muchas veces, tampoco indirectamente) de una recompensa esperada. La mayoría son muy baratas (escribir, aporrear una guitarra vieja, cantar, dibujar, actuar) y son en sí mismas gratificantes. Ciertas formas de arte no van a morir por culpa de los piratas informáticos.
    Ahora bien, cuando no haya incentivos económicos para hacer Avatar, quizás el cine se convierta en una sucesión de películas escandinavas, dramones familiares filmados cámara en mano (con una cámara) durante tres horas en una habitación con cuatro o cinco personajes que se despellejan hasta el alma. O quizás no, en una de esas la animación 3D se pone al alcance de muchos jovencitos con talento y con ganas de hacer cosas, y seguimos teniendo películas con explosiones espectaculares. Por amor al arte.