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17 de septiembre de 2010

Enredado

“Las redes sociales se parecen menos a un cálido tejido de lana, de esos que hacía mi abuela con tanto cariño y esmero, tan útiles como entrañables; y más a una pegajosa tela de araña, de esas que te llevás por delante casi sin verlas y que no hay forma de sacártelas de encima.”
Washington Polidoro
(historiador uruguayo especializado en nuevas tecnologías) 

24 de mayo de 2010

Ahora Pappo saldría en defensa de Craig Venter



    Cada vez que se produce un descubrimiento y/o logro científico en el ámbito experimental y/o aplicado, la prensa repite las mismas cuatro o cinco frases, entre las que destacan:
- “Jugar a ser Dios”,
- “Genio o monstruo”,
- “Esto supone un antes y un después”,
sin olvidar, por supuesto, una serie de errores de comprensión, un puñado de matices ignorados y un amplio repertorio de reflexiones de sobremesa acerca de los límites éticos que deberían regir las investigaciones para proteger a la humanidad de su propia curiosidad.
    La ciencia teórica, al no producir ningún engendro tangible (y a pesar de que gracias a ella se planifican los experimentos a partir de los cuales surgen engendros tangibles como la bomba atómica o la oveja Dolly) se ve libre de este tipo de debates estériles que acosan a la investigación experimental. Las supercuerdas no parecen ser el tipo de cosas que amenazan nuestra vida cotidiana… a menos que alguien encuentre la forma de ahorcarnos con ellas
    En cambio, desde que el primer homínido encendió una llama, no faltó algún homo deploratio que elevara su queja ante la afrenta que ello supuso al orden natural (o divino, suponiendo que ya hubiese alcanzado ese nivel de pensamiento), anunciando terribles cataclismos flamígeros en el que el planeta entero se vería consumido por un gigantesco incendio desatado por la chispa del ingenio. Asimismo, se condenó la osadía de intentar crear aparatos voladores (“si Dios hubiese querido que voláramos, nos habría dado alas”, solía ser el argumento), se vaticinó el fin del mundo provocado por la energía nuclear que abastece de luz nuestros hogares y, ahora, se predice nuestra aniquilación a manos de un ejército de cyborgs, clones y mutantes comandados por Darth Vader, Roy Batty y Ramón Yarritu.

14 de abril de 2010

Autorreferencial


Spindizzy
Cargado originalmente por Julikeishon en Basel
“Eso mismo fue
lo que yo le pregunté”
Joaquín Sabina, Círculos Viciosos



Dice Vladimiro Marrón: “Las enciclopedias son como las enciclopedias.” Y no añade nada más. ¿Qué pretende decirnos Marrón con su clásico estilo provocador? ¿Qué verdad nos está revelando esta vez?
    Algunos (W. Polidoro, 1999) creen que el filósofo argentino pronunció su aforismo influido por la corriente de pensamiento conocida como pop-philosophy americana, en términos de Robert Uranga. Esta escuela filosófica es famosa por sentencias como “When you gotta go, gotta go” o “A man’s gotta do what a man’s gotta do”. De gran proyección mundial, la influencia de la pop-philosophy americana llegó a Europa y, en particular, a Austria, donde se desarrolló por primera vez lo que Uranga denomina Teorema de la Vida y que dice así: “Life is life [na na na na na]”* (R. Uranga, 1997).
    Pero esta interpretación de la sentencia marroniana es una simplificación taxonómica, un intento reduccionista por encasillar el pensamiento libre de Vladimiro Marrón en una corriente filosófica determinada, cuando es bien sabido que éste jamás adscribió a dogmatismo alguno.
    Por tanto, es más probable que Marrón esté denunciando de forma breve e implacable la imposibilidad de generar conocimiento nuevo a través del saber enciclopédico. Me explico: la circularidad de la proposición no es azarosa ni una demostración de que Marrón se quedó sin sinónimos, sino un efecto deseado. La obviedad de la sentencia nos deja estupefactos y enseguida pensamos: “Esto no nos aporta nada”. Sí y no.